La desgracia de Coetzee: simbolismos a partir del género en el sur de África

por Galo Delgado

para León, en el tiempo que te encuentres.

Prólogo

Una de las motivaciones para escribir este ensayo fue, sin lugar a dudas Henri Bergson y su Historia de la idea del tiempo. Tal como lo propone el autor, busqué una foto de J.M. Coetzee, quien escribió la obra en la que se basará este escrito. La obra se titula Disgrace (2000). Antes de comenzar debo admitir ante la persona lectora que el producto de mi observación y análisis fue un poco más amplio que el original ya que fundamentalmente utilizaría únicamente la versión traducida por Miguel Martínez-Lage al español para exprimir el cultivo simbólico de su narrativa, sin embargo, tuve la oportunidad de leer la versión original en inglés y también la versión adaptada por Anna Maria Monticelliy llevada al Festival Internacional de Cine de Toronto por su esposo, Steve Jacobs en 2008. Dejando esto en claro, escribo la pregunta a la que me llevó Bergson y su filosofía del tiempo ¿quién es John Maxwell Coetzee? en efecto me llevé una sorpresa al ver una fotografía del autor y caer en cuenta que mientras leía a David Lurie, me imaginaba constantemente a Coetzee sin siquiera haberlo visto hasta después de que culminé la novela. De acuerdo con la filosofía de Bergson, David Lurie, el personaje principal, es Coetzee. El premio nobel de literatura, el experto lingüista, descendiente Alemán, de Ciudad del Cabo, blanco en Sudáfrica ¿Que nunca sabré qué es Coetzee? el conservador, hedonista, romántico y paternalista; el polémico, Lucy Lurie o cualquier personaje femenino. Bergson (2017, pág. 23) nos dice que el novelista está dentro el personaje, nos invita a pensar que:

“Los personajes que presenta un novelista no pueden ser otra cosa que el novelista mismo. Él no puede más que describirse. Todos somos personajes múltiples. Además de todo lo que somos, está todo lo que habríamos podido ser; nuestra vida, nuestra historia, son una elección, una selección hecha por nosotros y por las circunstancias, entre muchas historias diferentes que pudimos haber vivido, entre muchos personajes que pudimos haber sido”.

Otra motivación fue personal, extraída de mi conocimiento empírico, ya que no he logrado compararlo con otro autor, solamente en acercamiento contextual con los personajes de Coetzee ¿Qué es lo empírico? es la experiencia; la percepción. Creo que vale la pena expresarlo porque aporta también a la descripción de mis ideas, me ayuda a imprimirme tanto como a las demás personas que participaron en la autoría del universo de Disgrace. Desde los lentes de un periodista, presencié varios casos de acoso en mi universidad. Tuve la oportunidad de escuchar de primera mano los ¿cómo? ¿cuándo? y ¿por qué? desde las víctimas de varios depredadores; profesores en el Tecnológico de Monterrey. Todos muy parecidos a David Lurie, sobre todo en lo blanco de la piel, pero también en lo románticos, en lo expertos en lenguas ¿Desde qué punto relativo en el tiempo de Bergson tuvo que escribir Coetzee para separarse de David Lurie? Tal vez jamás lo llegué a saber ni a entender desde esa perspectiva. Al menos sé por lógica desde dónde tuvo que partir para describir a Melanie Isaacs o a Lucy Lurie. Tuvo que partir del punto relativo de su concepción como hombre, o al menos es lo que esperaría de un simbolista.

Introducción

Del escrito de Coetzee (2000) se logra rescatar Sudáfrica en esencia; en contorno. Varias culturas, dentro de varias naciones. Todo delimitado a ciertos territorios y ciertas circunstancias; a ciertos tiempos. Disgrace presenta una Sudáfrica racista, elitista, con una lógica poscolonial y enraizada en la figura de las lógicas blancas, entendiendo al personaje principal como un hombre que coloniza y que es limitado por sus lenguas romances y occidentales. “Nosotros”, piensa David Lurie -el personaje principal- refiriéndose a los occidentales (Coetzee, 2000, p. 237). Esto es importante de exponer porque en mi primera tesis el objetivo es explicar al hombre y a la mujer como conceptos culturales a partir de Coetzee. Como segunda tesis, complementaria a la primera, pretendo rescatar el gran símbolo que logro interpretar de mi lectura: la comunicación interpersonal como eje narrativo.

Símbolo y concepto cultural son dos elementos clave en la estructura del ensayo. Entendemos como símbolo una representación perceptible de una idea que establece una relación de identidad con una realidad, generalmente abstracta (Jung, 1984, pág. 17). El concepto cultural añade a esta explicación los saberes, las creencias, los valores de un determinado contexto; de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo (Domínguez y Vázquez, 2008).

Disgrace es una novela repleta de símbolos reales, imposible dejar como ficción ¿Quién es Lucifer? ¿Quién es Byron? ¿Quién es Shakespeare? ¿Quién es el pene? me tomaré la libertad de centrarme con el que me pareció más evidente, el primero. El mismo David Lurie lo pregunta, en una situación muy incómoda. Lo asombra literalmente a la luz del espectador ¿Quién es Lucifer? es un demonio pero también soy yo, piensa, un “loco del corazón” (Coetzee, 2000, pág. 43), expone. Como si esa fuera justificación suficiente para sus acciones. Entonces estar “loco del corazón” te exime del descontrol y el caos. Lucifer es un incomprendido, es un hombre. David lo dice “es un ser” al que no se le puede tener simpatía, justo antes de ser llamado por las autoridades de la universidad donde laboraba para ser cuestionado en torno a su relación sexual con Melanie Isaacs. Pero ahí no terminan las referencias bíblicas. También está la serpiente, la víbora, la manzana, el fruto prohibido. Esa es la mujer, personificada por Coetzee, construida por David Lurie. En este plano de conocimiento cristiano, recuerdo el seminario de Memoria y Perdón que la Cátedra Alfonso Reyes trajo al Tecnológico de Monterrey, el cual fue impartido por la filósofa Amelia Valcárcel (2016). Amelia nos invitaba a repensar el génesis de tal forma que embona perfecto con la propuesta simbólica de Coetzee. La presencia femenina en el génesis es basta y sobre todo cargada al mundo material, representada hasta como objeto. Está lo ya remarcado, la manzana y la serpiente, pero también está Eva. En su contraparte masculina encontramos a dos representaciones: Adán y Dios. Todo está perfecto hasta que Eva decide tomar la manzana por escuchar a la serpiente, entonces entre mujeres se sirven del fruto prohibido. Muy a lo Kant, la mujer se sirve de sí misma y después invita a Adán a probar ¿Qué significa la manzana? ilustración, intuye Valcárcel, porque en el momento en que comieron del fruto prohibido se dieron cuenta que estaban desnudos y pudieron ver como Dios, las injusticias y el dolor. Pero al final quién es la culpable, según Adán, Eva lo obligó a comer. La autora intelectual del despertar lógico. Aunque me quedo pensando en esta misma línea, Lucifer tomó la forma de una serpiente para despertar a ambos. Coetzee en algún punto concibe a dos serpientes distintas ¿y qué no Lucifer era un hombre? se convierte en una paradoja del género en donde Lucifer también es un ser que lo desdibuja. Se convierte en una paradoja de la comunicación entre el hombre y la mujer, entre los símbolos que les ayudan a comunicarse entre sí, regresando al pensamiento de Valcárcel. Entre la serpiente masculina y la femenina.

Hombres y mujeres

El hombre es un concepto que históricamente se ha utilizado para referir a la humanidad en general. Hay autores que distinguen el género como un concepto mucho más fluido (McDowell, 2000; Diamond y Butterworth, 2008 ) y hablan del hombre como un ente dentro de dicha sustancia. En éste sentido Coetzee evidencía una concepción binaria del género, lo que significa que en el imaginario social existen tanto hombres como mujeres y no hay espacio para nada más. Para el hombre de Desgracia el género se refleja en el sexo, en el “derecho al deseo” (Coetzee, 2000, pág. 108), como lo menciona Lurie. El hombre es un ser que existe en el contexto social de la novela, la mujer desde la perspectiva en la que es narrada es un otro que se construye a partir de las ideas del hombre. La mujer: “aprende rápido […] como una mariposa” (Coetzee, 2000, pág. 12). La mujer es un placebo, ellas hacen performance a lo Goffman y Butler (2015) como la prostituta al inicio de la novela. Se construye a la prostituta, a Melanie Isaacs, a Bev e incluso a Lily desde la perspectiva del hombre. Siempre evidenciando su cuerpo como el elemento que las significa. “La última vez que vio los pechos de su hija eran los recatados capullos de rosa de una chiquilla de seis años de edad. Ahora son pechos redondos, grandes, casi lechosos”, piensa de su propia hija. La misma existencia del hombre se limita en esta cuestión, “fui un simple sirviente de Eros” (Coetzee, 2000, pág. 108), justifica sobre su propia acción de violación. Ellas no tienen los mismos derechos, ni siquiera sobre su propio cuerpo, “la belleza de una mujer no le pertenece solo a ella. Es parte de la riqueza que trae consigo al mundo, y su deber es compartirla […] Ella no es dueña de sí misma” (Coetzee, 2000, pág. 24).

Otro ejemplo desde donde se puede fundamentar ésta cuestión es desde la sexualidad. “Lucy ha caído en desgracia […] no le agrada pensar en su hija e imaginarla en un trance pasional con otra mujer; otra mujer, por cierto, bien simple” (Coetzee, 2000, pág. 105). Pareciera que cualquier cosa que la mujer haga, cualquier decisión es ilógica en términos masculinos. Por eso no entiende ¿por qué su hija no denuncia su propia violación? ¿por qué Melanie Isaacs lo acusó ante las autoridades? ¿por qué la prostituta lo abandonó? ¿por qué su ex esposa se divorció de él?

Si pudiéramos contextualizar al profesor Lurie lo haría de atrás hacia adelante en términos del tiempo cronológico de la novela. Al final tenemos a un lingüista blanco entregado a la muerte. Intercambiando vidas por una pena, el no poder cumplir con su rol protector. David pierde todo en términos patriarcales (Platero, 2014), entendiendo el patriarcado como una forma de organización social basada en el privilegio interseccional de raza, género, clase social y económica. Su paternalismo es evidente y es impositivo, podemos apreciarlo en distintos momentos. “Una semana antes no era más que otra cara bonita en medio de la clase. Ahora es una presencia en su vida, una presencia que respira” (Coetzee, 2000, pág. 31), haciendo referencia a Melanie Isaacs después de que cumplio su deber al compartir su belleza con él. Se pregunta si es “¿amante? o ¿hija?” (Coetzee, 2000, pág. 36), la confunde ante su responsabilidad de protegerla. A su hija la desconoce, de pronto “ya no es la misma” (Coetzee, 2000, pág. 204) porque ahora se atreve a cuestionarlo, porque ahora sus pechos son grandes. Obligar a su hija a denunciar su violación, proteger a la prostituta, proteger a Melanie, penetrar a Bev, siempre una justificación para acercarse a la mujer. El paternalismo es un ciclo que siempre regresa a Lurie al elemento sexual, tanto que denota su impotencia por necesitar una sexualidad plena debido a que el encuentro con la mujer “lo hace una mejor persona” (Coetzee, 2000, pág. 86). Aquí hay un punto interesante y es que a la única que le da permiso de contradecirlo es a su hija, Lucy. “Espero que no te jactes de que la inversa sea verdad también, de que por el hecho de haberte conocido todas tus mujeres sean ahora mejores personas” (Coetzee, 2000, pág. 86).

Al final la dependencia al objeto, la necesidad de poseer en términos masculinos es lo que vuelve riesgoso su propio imaginario. Lo romántico, al roce de ese concepto aparece su desgracia, su vergüenza, y también la vergüenza y desgracia de Lucy, por lo cual ella difiera por supuesto. “Tu no sabes lo que ha ocurrido” (Coetzee, 2000, pág. 158), le responde. La mujer como concepto cultural en la narrativa de Coetzee es un objeto, y uno construido por el hombre y es reducido a sustantivos, “a medida que fueron desapareciendo la madre, las tías, las hermanas, a su debido tiempo fueron sustituidas por amantes, esposas, una hija” (Coetzee, 2000, pág. 14). En contraste el hombre es “sus penes, sus armas” (Coetzee, 2000, pág. 189). De lo poco que vislumbra su construcción, porque en esta novela lo que queda expuesto por completo es la mujer, y se le da poco espacio para decir lo que piensa, para explicar sus acciones.

Emisores y receptores

En desgracia se comunican hombres con mujeres. Invito a pensar la comunicación como un proceso simbólico, que necesita nutrirse de abstracción para entender al otro frente a nuestros sentidos. “La sociedad humana ha creado el lenguaje con la finalidad de que podamos comunicarnos unos a otros nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones” (Coetzee, 2000, pág. 10). Creo pertinente retomar para términos de contraste lo que Spivak (1988) y Gramsci (Green, 2002) preguntan ¿puede hablar el subalterno? porque me parece que precisamente el subalterno es lo que queda al margen en esta historia ya que por más que Lucy exige una buena interpretación por parte de su padre, nunca se expresan sus necesidades formales. Un subalterno es una persona al margen de lo socialmente aceptado, al margen del poder, al margen del escucha, silenciado por su posición invisible. Existen distintos subalternos en esta historia, van desde la mujer hasta la juventud. Definidos por términos de tiempo, espacio y circunstancias; los elementos que te permiten carecer o desbordar de privilegio.

Empecemos a hablar de las distintas formas de comunicación que se abordan en Desgracia. El amor es un “juego […] un ritual al que suelen jugar los hombres y las mujeres, unos con otros” (Coetzee, 2000, pág. 17-18) a partir de esta premisa, lo más abstracto, lo que justifica las acciones más oscuras, el amor. Poco se habla del, poco se entiende de la idea porque la verdad es que es una cuestión sumamente irracional () y sobre todo manejable a la conveniencia de cualquiera. El amor o el juego pone en contienda el género, al hombre y a la mujer, desde sus respectivas posiciones de poder. El autor nos dice “pedir es exigir” (Coetzee, 2000, pág. 17). Del amor pasamos a otro abstracto incomprensible aún, el tiempo como forma de comunicación. El cuerpo cambia y las ideas también. “Las mujeres dedican más horas al trabajo de casa y menos al ocio que los hombres” (Choza, 2007) ¿Nos ponemos a pensar en cómo algo tan cotidiano pero tan abstracto como lo es el tiempo puede tener distintas concepciones fundamentales a partir de un elemento como el género? los pensamientos de David hasta ahora mencionados me hacen reflexionar en torno al no. Y sin embargo los cambios físicos a través del tiempo nos comunican cosas, nos comunican madurez, vergüenza, impotencia o desgracia. David es intolerante al tiempo, sobre todo es evidente al pensar que “tal vez los jóvenes tengan todo el derecho del mundo a vivir protegidos del espectáculo” (Coetzee, 2000, pág. 55), de no caer ante una acusación de violación tan fuerte como lo hizo él. Negando su posición privilegiada de poder. “¿Cómo vas a educar a tus hijos si están rodeados por la anarquía?” (Coetzee, 2000, pág. 16). A eso le echa la culpa, a las nuevas circunstancias, a las nuevas ideas y a los nuevos contextos. Y desde su posición de poder, como profesor utiliza la cátedra para comunicar ironía “al saber, que al enseñar aprende la lección más profunda, mientras que quienes van a aprender no aprenden nada” (Coetzee, 2000, pág. 11), pero ¿aprender en cuáles términos? ¿sobre la teoría? o ¿sobre sus errores? La respuesta llega más adelante, “eres la teoría” (Coetzee, 2000, pág. 118), por ende la teoría es perfecta. Finalmente David utiliza el sexo como forma de comunicación. “A medida que los órganos sensoriales llegan al límite de su poder perceptivo sus luces van apagándose” (Coetzee, 2000, pág. 29). Y así traspasa a los subalternos, apoderándose de ellas, convenciendose de que “no es una violación, no del todo, pero es algo no obstante carente de deseo” (Coetzee, 2000, pág. 33). ¿Será porque es una joven inocente? ¿que no sabe de la vida? ¿que carece de formación teórica?

Conclusiones

“Aún no me has preguntado si la quiero. ¿No se supone que deberías preguntarme eso también?” (Coetzee, 2000, pág. 57), le dice David a su exesposa. Una de las tantas líneas que definen lo que creo que es el principal motivo de la comunicación ineficiente del personaje principal: su incongruencia. “Fui un simple sirviente de Eros” (Coetzee, 2000, pág. 108) dice, pero al mismo tiempo intenta justificarse con pretender proponer el sexo como un “instinto animal” (Coetzee, 2000, pág. 109) justo cuando acababa de manifestar momentos antes que los animales eran seres inferiores; ahora se pone a su mismo nivel. En efecto llega un punto en el que la “claridad cristalina” (Coetzee, 2000, pág. 63) es incluso definida en contraste con la renuencia del personaje a aprender de sus errores y deconstruir sus concepciones de poder sobre las demás personas. Lamentablemente para David Lurie cualquiera que lleve una contraria a su pensamiento es su “enemigo” (Coetzee, 2000, pág. 65) porque no está dispuesto a ceder su posición de poder multinivel para crecer con base a nuevas experiencias de vida. David carece de lo que Coetzee llama “espíritu de arrepentimiento” (Coetzee, 2000, pág. 72). La posición de David ante la vida podría ser definida en una frase: “No estoy preparado para reformarme. Quiero seguir siendo lo que soy” (Coetzee, 2000, pág. 95). A cualquier precio y bajo cualquier consecuencia. Porque el hecho de violar a una alumna como Melanie Isaacs fue simplemente para él una experiencia que lo “enriqueció” (Coetzee, 2000, pág. 70) y en el momento en que ella lo evidenció lo hizo pensar “ya no son amantes si no enemigos” (Coetzee, 2000, pág. 51).

Referencias

Bergson, H. (2017). Historia de la idea del tiempo. Paidós: Ciudad de México, México.

Coetzee, J. M. (2000). Disgrace. Mondadori: Barcelona, España.

Choza, R. (2007). El tiempo de la mujer. EL PAÍS.

Dominguez Gonzalez, J. L., y Vázquez Barragán, A. (2008). Asimilación e identidad entre México y Estados Unidos: Los efectos negativos de la influencia cultural. UDLAP.

Diamond, L. M., y Butterworth, M. (2008). Questioning gender and sexual identity: Dynamic links over time. Sex roles, 59(5-6), 365-376.

Green, M. (2002). Gramsci cannot speak: Presentations and interpretations of Gramsci’s concept of the subaltern. Rethinking Marxism, 14(3), 1-24.

Jung, C. G. (1984). El hombre y sus símbolos. Luis de Caralt.

McDowell, L. (2000). Género, identidad y lugar: un estudio de las geografías feministas. Universitat de València.

Peplo, F. F. (2015). El concepto de performance según Erving Goffman y Judith Butler. CLACSO.

Platero, R. (2014). ¿ Es el análisis interseccional una metodología feminista y queer. Otras formas de (re) conocer: Reflexiones, herramientas y aplicaciones desde la investigación feminista, 79-95.

Spivak, G. C. (1988). Can the subaltern speak?. Can the subaltern speak? Reflections on the history of an idea, 21-78.

Valcárcel, A. (2016). Seminario: Memoria y Perdón. En Santamaría A. L. (directora) de la Cátedra Alfonso Reyes. Realizado en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey.

One thought on “La desgracia de Coetzee: simbolismos a partir del género en el sur de África

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s